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EL CUADERNO DE JM

Edulcorantes: ni veneno ni atajo para bajar de peso

Un edulcorante no adelgaza por existir ni se vuelve veneno por tener un nombre químico. Su efecto depende de qué reemplaza, cuánto se consume y para qué se usa.
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Juan Martín Alonso

Licenciado en Nutrición

Pocos temas generan posiciones tan exageradas como los edulcorantes. De un lado, se venden como la solución para comer dulce sin consecuencias. Del otro, se los acusa de causar cáncer, destruir la microbiota, aumentar la insulina y engordar más que el azúcar.

La evidencia no respalda ninguno de esos extremos. Los edulcorantes no nutritivos pueden ser una herramienta útil para reducir azúcar y calorías, pero no mejoran automáticamente la dieta ni producen pérdida de peso por sí solos.

La pregunta clave no es “¿sirven?”. Es: ¿qué están reemplazando?

El comparador cambia la respuesta

Si una persona toma dos gaseosas azucaradas por día y las cambia por versiones sin azúcar, reduce una cantidad relevante de energía. Si el resto de su alimentación se mantiene, ese reemplazo puede facilitar un déficit y ayudar a controlar el peso.

Los metaanálisis de ensayos aleatorizados encuentran pequeñas mejoras en peso e indicadores metabólicos cuando las bebidas con edulcorantes bajos o sin calorías reemplazan bebidas azucaradas. Un análisis de 2022 encontró un descenso modesto de peso, índice de masa corporal y grasa corporal con esa sustitución.

Si la comparación es contra agua, el beneficio es mucho menos claro. En varios estudios las bebidas sin azúcar resultan similares al agua y en un ensayo de 52 semanas fueron compatibles con pérdida y mantenimiento de peso dentro de un programa conductual. Eso no significa que sean superiores como regla; significa que pueden encajar sin impedir el proceso.

Un edulcorante no genera un déficit calórico. Puede hacer más sencillo lograrlo si reemplaza una fuente que aportaba calorías.

Entonces, ¿por qué la OMS recomendó no usarlos para controlar el peso?

En 2023, la Organización Mundial de la Salud emitió una recomendación condicional contra el uso de edulcorantes no azucarados como estrategia de control de peso a largo plazo o prevención de enfermedades crónicas.

Hay dos matices importantes.

Primero, la recomendación busca orientar políticas y hábitos poblacionales: reducir el gusto por lo muy dulce y construir dietas basadas en alimentos poco procesados, no reemplazar indefinidamente todo el azúcar por versiones intensamente dulces.

Segundo, la propia OMS aclara que esa guía no es una evaluación toxicológica de seguridad. No modifica las ingestas diarias admisibles establecidas por organismos como JECFA.

La aparente contradicción surge porque los ensayos controlados —mejores para evaluar reemplazos y cambios de peso— suelen mostrar neutralidad o un beneficio pequeño, mientras que estudios observacionales de largo plazo asocian mayor consumo con diabetes, enfermedad cardiovascular o mortalidad.

Quienes ya tienen sobrepeso, diabetes o hábitos menos saludables tienden a elegir más productos “diet”. Eso se llama causalidad inversa: el riesgo previo puede aumentar el consumo de edulcorantes, en lugar de ser consecuencia de ellos. Los ajustes estadísticos ayudan, pero no eliminan por completo ese problema.

Aspartamo: peligro no es lo mismo que riesgo

En 2023, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó al aspartamo como “posiblemente carcinogénico” —grupo 2B— debido a evidencia limitada. En paralelo, JECFA revisó exposición y riesgo y mantuvo una ingesta diaria admisible de 0–40 mg/kg de peso corporal.

No son conclusiones opuestas. IARC identifica si una sustancia puede representar un peligro bajo alguna circunstancia; JECFA evalúa el riesgo a las dosis reales de consumo. La radiación solar y trabajar de noche también aparecen en categorías de peligro sin que toda exposición tenga el mismo riesgo.

Para una persona de 70 kg, el límite de JECFA equivale a 2.800 mg diarios. Según la cantidad de aspartamo de cada producto, la OMS estimó que harían falta aproximadamente 9–14 latas de gaseosa dietética por día para superarlo, sin contar otras fuentes.

Eso no convierte a diez latas en una recomendación. Muestra la diferencia entre detectar una señal y afirmar que el consumo habitual causa cáncer.

Las personas con fenilcetonuria sí deben evitar o controlar estrictamente el aspartamo porque aporta fenilalanina.

¿Alteran la microbiota o la glucemia?

No todos los edulcorantes son químicamente iguales, por lo que agruparlos como si produjeran el mismo efecto es una simplificación. Un ensayo de 2022 encontró que sacarina y sucralosa modificaron ciertas características de la microbiota y respuestas glucémicas en algunos participantes. Fue una intervención corta, con 120 personas y respuestas muy variables.

El estudio demuestra que algunos edulcorantes pueden interactuar con la biología humana; no demuestra que una lata sin azúcar cause diabetes ni que esos cambios produzcan enfermedad a largo plazo.

Otros ensayos no encuentran deterioros clínicamente relevantes de glucemia con dosis habituales. La conclusión honesta es que la microbiota es un área activa de investigación, no una razón suficiente para presentar a todos los edulcorantes como tóxicos.

“Natural” no significa superior

Stevia, sucralosa, sacarina, aspartamo y acesulfame K tienen estructuras y metabolismos distintos. Que la stevia provenga originalmente de una planta no garantiza un efecto más saludable, del mismo modo que “artificial” no significa peligroso.

La elección práctica puede basarse en sabor, tolerancia, uso culinario, precio y dosis. Las mezclas comerciales también pueden contener dextrosa, maltodextrina o polialcoholes que cambian el aporte y la respuesta digestiva.

Mi criterio práctico

  • Si disfrutás agua, café o infusiones sin endulzar, no necesitás agregar edulcorantes por salud.
  • Si reemplazan azúcar frecuente en bebidas, yogures o recetas, pueden ser una buena herramienta.
  • Si te permiten adherir a un déficit sin sentir una restricción excesiva, cumplen una función concreta.
  • Si mantienen una búsqueda constante de dulzor, desplazan alimentos nutritivos o generan molestias, conviene reducirlos.
  • No usaría productos “sin azúcar” como permiso para comer sin límite.

El objetivo no tiene que ser una pureza alimentaria imposible. Puede ser reducir progresivamente la dependencia de sabores extremadamente dulces mientras usamos sustituciones inteligentes donde aportan valor.

Los edulcorantes aprobados no son veneno y pueden ayudar cuando reemplazan azúcar, pero no adelgazan por sí solos ni convierten un producto en saludable. El efecto depende del reemplazo y del patrón completo.

La adherencia mejora cuando dejamos de discutir alimentos en términos absolutos y diseñamos reemplazos que la persona pueda sostener. En mi acompañamiento usamos las herramientas que suman y descartamos las que sólo complican el proceso.

Última revisión científica: 31 de julio de 2026.

Referencias principales

  1. World Health Organization. Use of non-sugar sweeteners: WHO guideline. 2023.
  2. McGlynn ND et al. Association of Low- and No-Calorie Sweetened Beverages as a Replacement for Sugar-Sweetened Beverages With Body Weight and Cardiometabolic Risk: A Systematic Review and Meta-analysis. JAMA Netw Open. 2022.
  3. Tobiassen PAS et al. Replacing sugar-sweetened beverages with non-caloric beverages and body weight: a systematic review and meta-analysis of randomized trials. 2024.
  4. Harrold JA et al. Non-nutritive sweetened beverages versus water after a 52-week weight management programme: a randomised controlled trial. Int J Obes. 2024.
  5. WHO, IARC and JECFA. Aspartame hazard and risk assessment results released. 2023.
  6. Suez J et al. Personalized microbiome-driven effects of non-nutritive sweeteners on human glucose tolerance. Cell. 2022.

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