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EL CUADERNO DE JM

El déficit calórico manda, pero cómo lo construís define si lo sostenés

El déficit explica por qué bajás grasa. No explica cómo hacerlo sin hambre extrema, caída del rendimiento y un plan cada vez más pequeño.
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Juan Martín Alonso

Licenciado en Nutrición

Para perder grasa corporal, el organismo debe gastar más energía de la que ingresa durante un período suficiente. Ningún alimento, horario, suplemento o distribución de macronutrientes puede saltarse esa condición.

Pero repetir “déficit calórico” como respuesta a todo sirve tanto como decir que para ahorrar dinero hay que gastar menos de lo que entra. Es correcto y, al mismo tiempo, incompleto.

La pregunta útil es: ¿cómo construimos un déficit que reduzca grasa, preserve músculo y pueda sostenerse sin vivir con hambre?

El gasto no es una cifra fija

El gasto energético total incluye:

  • metabolismo basal: energía necesaria para mantener funciones vitales;
  • efecto térmico de los alimentos: energía usada para digerir y metabolizar;
  • ejercicio estructurado;
  • NEAT, o termogénesis por actividad no asociada al ejercicio: caminar, estar de pie, hacer compras, limpiar, moverse mientras hablamos y todos los desplazamientos cotidianos.

El NEAT puede variar mucho entre personas y dentro de la misma persona. Cuando reducimos calorías, es común movernos menos de forma inconsciente: nos levantamos menos, evitamos trayectos o pasamos más tiempo sentados. Ese ahorro reduce el déficit que creíamos haber creado.

En un ensayo de restricción calórica de seis meses, los participantes mostraron adaptaciones metabólicas y una caída de la actividad física espontánea. No significa que “el metabolismo se rompió”. Significa que el organismo se adapta y que una ecuación inicial no permanece idéntica para siempre.

Comer menos no es la única palanca

Imaginemos dos personas con un mantenimiento real de 2.500 kcal.

  • Una crea el déficit comiendo 1.800 kcal y reduciendo actividad porque está cansada.
  • Otra aumenta caminatas y entrenamiento, lleva su gasto a 2.700 kcal y come 2.200 kcal.

Ambas podrían generar un déficit cercano a 500 kcal, pero la segunda dispone de más comida para cubrir proteína, fibra, micronutrientes e hidratos que sostengan el entrenamiento.

Este enfoque se relaciona con el concepto de flujo energético: mantener un nivel relativamente alto de gasto y de ingesta, aunque el balance final siga siendo negativo o neutro. Hay una base fisiológica y estudios que sugieren posibles ventajas sobre apetito, gasto en reposo y mantenimiento del peso, pero la evidencia es menor que la que respalda el propio balance energético.

No es una ley nueva ni una forma de “acelerar” mágicamente el metabolismo. Es un marco práctico: para muchas personas activas, gastar más y comer razonablemente es más sostenible que intentar resolver todo recortando comida.

NEAT no significa perseguir un número perfecto

Los pasos son una forma simple de medir una parte importante del movimiento cotidiano. No capturan cargar peso, andar en bicicleta, trabajar de pie ni todas las diferencias de intensidad, pero ofrecen una métrica útil y repetible.

Un metaanálisis de 2025 encontró que, comparadas con unas 2.000, 7.000 pasos diarios se asociaban con 47% menos mortalidad total y 25% menos incidencia de enfermedad cardiovascular. Son asociaciones observacionales, no una promesa individual, y 7.000 no es una frontera mágica. Las mejoras ya aparecían al pasar de niveles muy bajos a cantidades intermedias.

Para pérdida de grasa, la mejor meta no se copia de internet. Se obtiene del punto de partida. Si alguien promedia 3.500 pasos, subir gradualmente a 5.000–6.000 puede ser un cambio importante. Si ya hace 12.000 por su trabajo, agregar más quizá aporte poco y aumente fatiga.

El entrenamiento de fuerza protege lo que querés conservar

El objetivo de una definición no es bajar la mayor cantidad de kilos. Es reducir grasa conservando músculo, fuerza y rendimiento tanto como sea posible.

Una revisión con metaanálisis encontró que combinar restricción calórica y fuerza fue especialmente efectivo para reducir grasa corporal, mientras que el entrenamiento ayudó a preservar masa magra. El cuerpo necesita una señal clara de que ese tejido sigue siendo útil.

La fuerza no “convierte grasa en músculo” ni quema una cantidad extraordinaria de calorías durante la sesión. Cumple una función más valiosa: mantiene el estímulo mecánico mientras la dieta aporta menos energía.

Comida que facilite el déficit

No todas las dietas con las mismas calorías se viven igual. Para controlar hambre y preservar masa muscular priorizaría:

  • proteína suficiente, cerca de 1,6–2,0 g/kg en muchas personas que entrenan;
  • verduras y frutas enteras por volumen, fibra y micronutrientes;
  • legumbres, cereales integrales y papas según tolerancia y objetivo;
  • grasas en porciones medidas, porque son necesarias pero energéticamente densas;
  • hidratos alrededor del entrenamiento para sostener rendimiento;
  • alimentos disfrutables planificados, en lugar de intentar una perfección que termina en atracones.

El sueño también modifica hambre, decisiones y disposición a moverse. Recortar descanso para sumar cardio temprano puede reducir más actividad durante el resto del día y empeorar la adherencia.

Un sistema práctico para crear el déficit

1. Medí antes de recortar. Registrá durante una o dos semanas peso promedio, pasos, entrenamiento y una estimación razonable de ingesta. Una calculadora es un punto de partida, no tu mantenimiento real.

2. Empezá con un déficit moderado. En muchos casos, 10–20% por debajo del mantenimiento permite progresar sin destruir el rendimiento. Cuanto más magra y entrenada está la persona, más conservador debería ser.

3. Fijá un piso de movimiento. Usá el promedio actual y agregá de forma gradual 1.500–3.000 pasos si es viable. El objetivo es evitar que el movimiento desaparezca cuando bajan las calorías.

4. Entrená fuerza. Dos a cuatro sesiones semanales bien programadas suelen aportar más que sumar cardio al azar.

5. No “comas de vuelta” todas las calorías del reloj. Los dispositivos pueden errar mucho en gasto. Ajustá según tendencia real de peso, cintura, hambre y rendimiento.

6. Evaluá varias semanas, no dos días. El agua cambia por sodio, hidratos, ciclo menstrual, estrés y contenido intestinal. Mirá promedios y tendencias.

7. Ajustá una sola palanca. Si no hay cambio durante dos o tres semanas con buena adherencia, reducí ligeramente la ingesta o aumentá el movimiento. No hagas ambas cosas de forma agresiva a la vez.

Mi criterio práctico

El déficit es imprescindible, pero no debería construirse llevando la comida al mínimo mientras la persona se vuelve cada vez más sedentaria. Prefiero preservar un nivel alto y tolerable de actividad, comer lo suficiente para entrenar y usar ajustes pequeños basados en datos.

Eso mejora la salud cardiovascular, mantiene más opciones alimentarias y hace que la pérdida de grasa se parezca menos a una cuenta regresiva hacia el abandono.

El déficit determina si perdés grasa; la combinación de fuerza, pasos, proteína, fibra y sueño determina cuánto músculo conservás y cuánto tiempo podés sostenerlo. El flujo energético es una estrategia útil, no una excepción a las calorías.

Bajar grasa no debería consistir en recibir una dieta cada vez más chica. En mi acompañamiento trabajamos con un sistema ajustable: medimos respuesta, cuidamos rendimiento y modificamos comida o actividad sólo cuando los datos lo justifican.

Última revisión científica: 31 de julio de 2026.

Referencias principales

  1. Levine JA. Non-exercise activity thermogenesis (NEAT). Best Pract Res Clin Endocrinol Metab. 2002.
  2. Redman LM et al. Metabolic and behavioral compensations in response to caloric restriction: implications for the maintenance of weight loss. PLoS One. 2009.
  3. Melby CL et al. Increasing Energy Flux to Maintain Diet-Induced Weight Loss. Nutrients. 2019.
  4. Ding D et al. Daily steps and health outcomes in adults: a systematic review and dose-response meta-analysis. Lancet Public Health. 2025.
  5. Lopez P et al. Resistance training effectiveness on body composition and body weight outcomes in individuals with overweight and obesity across the lifespan. Obes Rev. 2022.
  6. Murphy C, Koehler K. Energy deficiency impairs resistance training gains in lean mass but not strength: a meta-analysis and meta-regression. Scand J Med Sci Sports. 2022.

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